Barcelona es una ciudad viva y con historia, una ciudad en la que se entremezclan pasado, presente y futuro.

Hoy, de la mano de Sant Aniol, os proponemos un paseo por las calles del ayer, del hoy y del mañana, y en cada uno de estos tres momentos, sentarnos alrededor de una buena mesa y disfrutar del presente.

¿Nos acompañáis?

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EL PARAL·LEL

Pocas llegaron a tener el carácter del Paral·lel, que durante casi cien años concentró en tan sólo un tramo de calle no superior a los doscientos metros una oferta cultural y de ocio comparable al Montmatre de París, el West End de Londres o el Broadway de Nueva York.

Inaugurada en 1894, esta avenida pronto se convirtió en la parte más pícara de la ciudad, con propuestas culturales tan variadas y eclécticas como la pantomima, el cabaret, el vodevil, el flamenco e incluso la zarzuela o el cuplé.

Sus calles colindantes eran un trajín de caballos, carros, coches, bicicletas y transeúntes a todas horas, especialmente al caer el día. Y, son las luces de teatros que aún se mantienen activos iniciado ya el s.XXI (como el Apolo, el Victoria, el Condal o la Barts), las que permiten cerrar los ojos y trasladarse a esa atmósfera cargada, llena de susurros de júbilo.

Aquí encontramos el Restaurante Basílicoen el que podréis disfrutar de unos deliciosos huevos estrellados con aceite de trufa, un steak tartar de vaca vieja con helado de mostaza a la antigua y tostadas crujientes, un arroz a la llauna del “Señorito” (con el marisco pelado) o una suculenta presa de cerdo ibérico con guiso de colmenillas y gnocchis.

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EJE ENRIC GRANADOS

Si subimos un poco, llegamos al eje Enric Granados, que no sólo concentra el mayor número de restaurantes en una calle, sino que es una de las más bonitas para pasear. Bancos en las esquinas, árboles frondosos, e incluso una zona peatonal, en la parte baja, entre Consell de Cent y Diputació. Desde Diagonal hasta el muro de la Universitat de Barcelona; pasearse tranquilamente es todo un lujo que se puede alternar con compras y paradas de avituallamiento goloso o salado, en mesa y con tiempo por delante.

Y no muy lejos de aquí, encontraréis los restaurantes Flamant y La Polpa.

Flamant, con esa atmósfera elegante retro parisina, os hará retroceder años y años atrás mientras disfrutáis de un magret de pato con compota de manzana y salsa Pedro Ximénez o un calamar a la plancha con butifarra negra salteada, cebolla confitada y alga nori crujiente.

No volváis al presente sin pasar por los postres. ¿Un must? Su crêpe con helado de vainilla, fresones, dulce de leche, chocolate caliente y nata montada.

La Polpa, más intimista, puede ser el escenario ideal para una conversación relajada en petit comité, acompañada de una parrillada de verduras de temporada con romesco, un risotto de boletus con parmesano y aceite de trufa o un buey tierno con rúcula, cebolla asada, balsámico y escamas de parmesano.

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SANT ANTONI

Y como del futuro no se es nunca consciente, vislumbramos el que (seguramente) será el nuevo centro neurálgico del centro de Barcelona: el renacido barrio de Sant Antoni. Ese triángulo mágico que conecta el Eixample de Cerdà con el intríngulis de calles del Raval y los edificios que remontan Montjuïc, el Poble Sec.

En su centro, majestuoso, se ha inaugurado el rehabilitado mercado de Sant Antoni, con la mayoría de calles adyacentes convertidas en peatonales. Orgulloso, reluciente, este mercado de la clase obrera, obra de Antioni Rovira i Trias y Josep Mª Cornet i Mas, que abrió sus puertas en 1882, ha situado a este barrio en el epicentro barcelonés. Su estructura de laborioso hierro forjado se alza sobre el edificio en forma de cruz griega, y ha recuperado su ajetreo con paradas y comerciantes de producto fresco.

Y a pocos metros de allí, en el Market, os esperan unos pulpitos encebollados con un toque picante y patata paja para lamerse los dedos, un arroz negro de tinta de calamar con alioli y el Bacalao con crema de espinacas, pasas, piñones y glaseado con allioli de miel. Y shhhh, quizás os contagie el espíritu alegre que en el edificio que alberga el hotel y restaurante se vivió durante muchos años por su pasado de local de alterne.  Pero quién sabe… ¡ésta es otra época!

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Y hasta aquí, nuestra ruta con Sant Aniol. El mes que viene, más y mejor.

¡Disfrutad!